jueves, 20 de diciembre de 2012

De paradigmas a algoritmos


¿Soy yo o no? Cuándo escribo, ¿soy yo la que queda dibujada en letras? ¿Por qué ahora me da no sé qué que la gente sepa quien soy? ¿O no soy yo? ¿Cuántos “yo” hay? ¿Será cierto que somos muchos o simplemente somos uno sólo y por una cuestión filosófica aristotélica/freudiana nos dividimos en muchos?

¿Con quién hablo cuando escribo o posteo en mi muro de Facebook?  ¿Estoy llevando un diario abierto, permitiendo que todos vean mi vida y conozcan quien soy o simplemente estoy proyectando una parte de mí, la parte pública? ¿Soy pública o privada? Y eso que a mí no se me da eso del Twitter porque no hay retroalimentación, porque eso de hablarle al mundo y que nadie conteste... mmmhhhhh...

¿Con quién estoy compartiendo, amigos o “foes”? ¿Existencialismo o puro cuestionamiento?

Soy consciente y me rijo por aquello de que no hay una verdad absoluta, por aquello de que es nuestra responsabilidad el mundo entero y todos ser viviente que en él habita, y que hacer lo correcto a veces es lo más difícil de hacer pero lo tenemos que hacer de todos modos porque es lo correcto. ¿Entonces? ¿Por qué cuestionarme sobre mí y el exterior? ¿O debiera decir el exterior y sobre mí por aquello de “el burro por delante? Ni siquiera puedo decir “D’os mío” porque no estoy segura de que exista y/o me escuche, a pesar de que no escribo su nombre completo por aquello de que no se debe decir el nombre de D’os...

¿Es real este mundo virtual que estamos viviendo? ¿Somos reales o simples algoritmos? ¿Nos estamos conectando del mundo o nos conectamos con miles de personas a cientos de kilómetros en millones de vidas? ¿Será cierto que mientras nos relacionamos con unos cibernéticamente dejamos de estar en contacto con nuestra realidad? ¿Cuál es nuestra realidad? ¿Puede surgir de esto un nuevo tipo de terapia? ¿Terapia cibernética? Y las sesiones pueden ser por Skype...

Y, bueno... ¿A quién le estoy haciendo estas preguntas? ¿Me cuestiono o te cuestiono? ¿Me pregunto por preguntarme o en verdad espero una respuesta? No hay una respuesta... ¡Hay mucha respuestas a una misma pregunta! Incluso aquellos que se las dan de sabelotodos, saben que hay muchas respuestas a dos más dos, aunque no quieran aceptar que incluso decir cinco está correcto (por aquello de que no hay nada más abstracto que los números).

¿Filosofía, psicología o psiquiatría? ¿Es nuevo o es viejo? ¿Estoy pensando desde mis paradigmas o me he salido de ellos? ¿Tafil o antipsicóticos?

Vivimos encerrados en un esfera de pensamiento que ha sido construida de acuerdo a parámetros ajenos a nosotros y que nos han sido enseñados. Sin embargo, si pudiésemos contemplar todos y cada uno de los fenómenos, ya no digo del universo, sino de nuestra esfera privada que llamamos “Tierra”, nos daríamos cuenta que todas esas estructuras por las que peleamos, damos la vida y nos exponemos, no tienen validez pues si toda regla tiene su excepción, entonces no es regla.

Ayer por la noche estaba segura de cerrar mi Facebook, mi Twitter (que no uso más que para enterarme de las noticias) y mi blog... me dio un no sé qué... ¿Cómo? ¿Cerrarme en mi esfera? ¿Cancelar mi vida? ¿Darle portazo a mi diario? ¿Callarme? ¿Cómo? ¿Cómo podría hacer eso?

Mi voz son las letras y lo que soy es lo que escribo. De ahí en fuera, nada está bajo mi control. Soy responsable de mí, pero no de lo que tú lees de mí. Soy responsable de hacer un mundo mejor (como todos debiéramos serlo) pero no soy responsable de lo que tú sientes ni cómo lo sientes ni cómo lo lees a pesar de que son mis palabras, y no tienen la intención de dañarte.

Soy. Existo. Escribo. Digo. Amo. Odio. Extraño. Anhelo. Deseo. Quiero. Detesto. Alucino. Creo. Dudo. ¿Soy? ¿Existo? No son sustantivos. Son verbos. ¿O no lo son?

Por hoy, mis cuentas en las redes quedan como están (menos Instagram que ya lo borré por aquello de que “me usen”). Ésta soy yo. Un libro abierto que enseña las páginas blancas y grises, porque las negras sólo las puedo descifrar yo.

Soy, existo, sólo porque me hago presente a través de mis palabras, porque de otra forma ni sabrías que estoy aquí, a pesar de que sea un algoritmo o un paradigma de símbolos que conforman un lenguaje que podemos entender ambos.

Decidido. Mi Facebook se queda. Mi Twitter se queda. Mi blog subsiste. Soy.