Hoy, cuando salga de casa y me tope contigo te diré “buenos días”.
Cuando me suba al coche, tendré paciencia y cederé el paso a los peatones y a los cafres que tienen prisa.
Cuando llegue a mi destino saludaré a las personas con quienes me cruce.
Cuando alguien me ayude daré las gracias.
Cuando llegue a casa, besaré a mis hijos y les diré cuánto los quiero.
Cuando vea a mis amigos les sonreiré y les preguntaré por su familia.
Cuando estés en apuros, trataré de ayudar.
Cuando necesite algo de cualquiera lo pediré por favor.
Cuando sea la hora de comer diré “buen provecho”.
Cuando llame por teléfono saludaré y preguntaré amablemente por la persona que busco.
Cuando...
Porque he sido educada con modales, claro, pero más importante porque a menudo se nos olvida que no vivimos solos en este mundo, y que ni el mundo ni el universo le pertenecen a alguien en específico sino a todos nosotros.
Somos extranjeros en nuestros propios países; laicos en nuestras religiones, extremistas en nuestras creencias, intolerantes con los propios.
Hoy cuando salga de casa, me uniré a ese grupo de gentes que trata de encontrarle un sentido a la vida y una razón para que las cosas sucedan.
Estaré entre los que buscan la fortuna en las cartas y en los boletos de lotería. Entre los que golpean a sus hijos y los que asaltan por necesidad o gusto.
Estaré entre los que tienen linaje y los que no saben ni quien los procreó. Deambularé entre los corteses y los groseros; los abusivos y los afables; entre cristianos, judíos, budistas y ateos.
Porque este es el mundo en el que todos tenemos que vivir y lo mejor que podemos hacer es, en lugar de eliminar al de a lado, es utilizar la práctica del buen vecino.
Así, cuando ya sea hora de volver a casa, todos podremos volver; todos estaremos entre gente que amamos; estaremos encontrando el sentido de la vida y la razón para que las cosas sucedan: somos parte de una vida que no tiene significado pero si mucho valor.
NO A LA VIOLENCIA
NO A LA INTOLERANCIA