La mayoría conoce a Juan, el niño que compró los frijoles mágicos con el dinero que le dio su mamá para adquirir una vaca y ayudarse a subsistir en medio de la pobreza. Quienes le conocemos, sabemos también que salió airoso de una situación por demás humillante, al robarse la gansa de los huevos de oro del gigante que habitaba en las nubes, concediéndole un final “feliz” a su estupidez y a su situación social, pues dejaba de ser pobre para convertirse en rico.
Lo que no sabemos es qué pasó con el gigante. No sabemos si el pobre hombre necesitaba de la gansa, no por el valor monetario de sus huevos, sino porque éstos fuesen una clase de medicamento que requería para la mortal enfermedad que le afectaba. O en su caso, la pobre gansa, quien fuera separada de su familia y de su ambiente natural, para ser explotada en la producción en masa de huevos de oro.
Juan solventa su imbecilidad robando, también justificada por el contexto social de pobreza que le envuelve. El gigante es el malo del cuento porque persigue al ladrón que lo despoja, siendo objeto de la discriminación sólo por no tener el mismo tamaño que la generalidad. Y la naturaleza sufre pues la gansa y el enorme árbol derribado, tienen un final no tan feliz al ser meros objetos de uso.
Lo mismo sucede con todos los cuentos reales o ficticios a los que estamos expuestos.
Todo hecho sucede de diferentes maneras, de acuerdo con el punto de vista de quién lo relate, demostrando que no hay una verdad absoluta, sino que cualquier suceso histórico, personal o irrelevante está sostenido sobre la versión más conveniente.
Así, López Obrador es el Presidente Legitimo de México, el Holocausto es un cuento chino de los judíos, y Bush tenía que invadir Afganistán para salvar al mundo de las armas químicas de destrucción masiva que ese país producía y escondía.
Siempre habrá, no una ni dos, sino por lo menos una decena de versiones distintas de un mismo suceso, por lo que es importante siempre regresar a los básicos del mismo:
Juan no era un pobre niño ingenuo, sino un idiota que se convierte en ladrón para tapar sus errores.
El gigante no es un monstruo por perseguir a Juan ni por su tamaño, sino una simple víctima del robo y la discriminación.
La gansa, cuya opinión no cuenta por ser un animal, es tan sólo un eslabón más de la cadena alimenticia, lo mismo que el árbol.
Y eso que no mencionamos a la madre abnegada, abusadora y acomplejada de Juan, que si no...
Lo que no sabemos es qué pasó con el gigante. No sabemos si el pobre hombre necesitaba de la gansa, no por el valor monetario de sus huevos, sino porque éstos fuesen una clase de medicamento que requería para la mortal enfermedad que le afectaba. O en su caso, la pobre gansa, quien fuera separada de su familia y de su ambiente natural, para ser explotada en la producción en masa de huevos de oro.
Juan solventa su imbecilidad robando, también justificada por el contexto social de pobreza que le envuelve. El gigante es el malo del cuento porque persigue al ladrón que lo despoja, siendo objeto de la discriminación sólo por no tener el mismo tamaño que la generalidad. Y la naturaleza sufre pues la gansa y el enorme árbol derribado, tienen un final no tan feliz al ser meros objetos de uso.
Lo mismo sucede con todos los cuentos reales o ficticios a los que estamos expuestos.
Todo hecho sucede de diferentes maneras, de acuerdo con el punto de vista de quién lo relate, demostrando que no hay una verdad absoluta, sino que cualquier suceso histórico, personal o irrelevante está sostenido sobre la versión más conveniente.
Así, López Obrador es el Presidente Legitimo de México, el Holocausto es un cuento chino de los judíos, y Bush tenía que invadir Afganistán para salvar al mundo de las armas químicas de destrucción masiva que ese país producía y escondía.
Siempre habrá, no una ni dos, sino por lo menos una decena de versiones distintas de un mismo suceso, por lo que es importante siempre regresar a los básicos del mismo:
Juan no era un pobre niño ingenuo, sino un idiota que se convierte en ladrón para tapar sus errores.
El gigante no es un monstruo por perseguir a Juan ni por su tamaño, sino una simple víctima del robo y la discriminación.
La gansa, cuya opinión no cuenta por ser un animal, es tan sólo un eslabón más de la cadena alimenticia, lo mismo que el árbol.
Y eso que no mencionamos a la madre abnegada, abusadora y acomplejada de Juan, que si no...