A través de la historia, en las sociedades cerradas y rígidas, las transformaciones se dieron gracias a la rebeldía de los inventores y autores por imponer sus descubrimientos e ideas; pero en la actualidad, las innovaciones no necesitan tanta batalla pues la mayoría de las sociedades modernas, están abiertas a los cambios y a la evolución.
Claro está que la rebeldía sigue siendo un valor en contra de la tiranía y la opresión, pero se torna un defecto cuando simplemente va en contra de todas las normas establecidas para la buena convivencia y el bienestar de las sociedades en general, como es el caso de los mexicanos.
Los mexicanos nos jactamos de muchas cosas, entre ellas, de brincarnos las reglas y aprovecharnos de las situaciones y las personas. Tenemos una baja autoestima que tratamos de ocultar haciéndonos los muy “fregones” y creyendo que nos merecemos más porque tenemos menos.
Y ahora vivimos las consecuencias de nuestra idiosincrasia, de nuestro pensamiento abusivo en el que no nos interesa nuestro entorno sino nuestro beneficio personal e inmediato.
Tenemos empresas que no dan cursos ni crean proyectos en beneficio de sus empleados y obreros, pues la población es flotante ya que a la mayoría no le interesa trabajar ni progresar, sino que se la pasa buscando la manera perder el tiempo, faltar en días laborales, y producir los menos.
Tenemos escuelas públicas donde los directores cobran a los padres de familia materiales excesivos, cuotas extraordinarias y donde la educación que se imparte (si es que no están los maestros en huelga pidiendo que se les otorgue su título con promedios que ellos mismos no debieran permitir en los alumnos), es del siglo pasado en su metodología y contendido.
Tenemos políticos, diputados, senadores, gobernantes, alcaldes, presidentes municipales, empleados del gobierno, secretarios, encargados, policías, vigilantes, presidentes en general, burócratas, etc., que no llevan a cabo sus funciones con la corrección que el puesto impone si no hay un beneficio extra como la mordida, el pacto, la Hummer, el viaje, el bono y lo demás que se puedan “clavar”.
Tenemos un servicio de transporte público peligroso y deficiente, gracias a los malos manejos de los líderes que han enfermado la economía, así como de los usuarios que nunca se les ha ocurrido exigir.
Tenemos bancos que cobran intereses ridículos, tarifas extras descomunales y luego se preguntan sobre su cartera vencida. Tenemos laboratorios que se pasan con los precios de sus medicinas y luego lloran por los medicamentos intercambiables.
Tenemos muchas cosas pero lo peor que tenemos somos nosotros mismos. Somos nosotros los que no queremos trabajar pero si que nos paguen. Nosotros nos estacionamos en lugares prohibidos, violamos el límite de velocidad y nos pasamos los altos, para luego dar mordida o causar un accidente (por cierto: si chocas con culpa y tienes seguro a tercero, tu seguro cubre los daños ocasionados al otro auto SIN costo para ti).
Tiramos basura, escupimos, orinamos y defecamos en nuestras calles. Robamos y maltratamos las paradas de camión, los teléfonos públicos además de pintar bardas con graffiti y publicidad.
No dejamos pasar al peatón aun cuando esté diluviando. No usamos los puentes peatonales. No respetamos los accesos de inválidos y a veces ni los construimos.
Ensuciamos, golpeamos, insultamos, nos aventamos, robamos y aceptamos a los cuida coches como si fueran el valet parking.
Somos nosotros los que hemos puesto la vara tan baja que tenemos maestros inferiores, vigilantes sin educación, enfermeras sin trato, burócratas prepotentes, y vivimos a diario la violencia y la impunidad que nosotros mismo construimos.
El problema no es de arriba hacia abajo. El problema es de todos. Basta de rebeldías. No tiene valor ser rebelde cuando nuestra sociedad y nuestro país se ve invadido y gobernado por los delincuentes. No somos valientes cuando nos saltamos las reglas y abusamos de los demás. No es rebeldía el cerrar los ojos a la realidad e imponer el dedazo al de arriba.
Las leyes y las normas tienen una razón de ser. Te quiere poner un arete en la ceja, adelante; pero no vendas tu voto al mejor postor. Te quiere vestir “darketo”, felicidades; pero no vendas ni compres droga ni piratería. Quieres rebelarte, maravilloso; pero rebélate contra lo que te afecta, lo que perjudica a tu familia y lo que daña a tus hijos, aunque todavía no los tengas.
Se rebelde con causa; con la causa de un país funcional, donde todos nos beneficiemos y no donde todos estemos expuesto.
¡Viva México sin Mexicanos rebeldes!
Claro está que la rebeldía sigue siendo un valor en contra de la tiranía y la opresión, pero se torna un defecto cuando simplemente va en contra de todas las normas establecidas para la buena convivencia y el bienestar de las sociedades en general, como es el caso de los mexicanos.
Los mexicanos nos jactamos de muchas cosas, entre ellas, de brincarnos las reglas y aprovecharnos de las situaciones y las personas. Tenemos una baja autoestima que tratamos de ocultar haciéndonos los muy “fregones” y creyendo que nos merecemos más porque tenemos menos.
Y ahora vivimos las consecuencias de nuestra idiosincrasia, de nuestro pensamiento abusivo en el que no nos interesa nuestro entorno sino nuestro beneficio personal e inmediato.
Tenemos empresas que no dan cursos ni crean proyectos en beneficio de sus empleados y obreros, pues la población es flotante ya que a la mayoría no le interesa trabajar ni progresar, sino que se la pasa buscando la manera perder el tiempo, faltar en días laborales, y producir los menos.
Tenemos escuelas públicas donde los directores cobran a los padres de familia materiales excesivos, cuotas extraordinarias y donde la educación que se imparte (si es que no están los maestros en huelga pidiendo que se les otorgue su título con promedios que ellos mismos no debieran permitir en los alumnos), es del siglo pasado en su metodología y contendido.
Tenemos políticos, diputados, senadores, gobernantes, alcaldes, presidentes municipales, empleados del gobierno, secretarios, encargados, policías, vigilantes, presidentes en general, burócratas, etc., que no llevan a cabo sus funciones con la corrección que el puesto impone si no hay un beneficio extra como la mordida, el pacto, la Hummer, el viaje, el bono y lo demás que se puedan “clavar”.
Tenemos un servicio de transporte público peligroso y deficiente, gracias a los malos manejos de los líderes que han enfermado la economía, así como de los usuarios que nunca se les ha ocurrido exigir.
Tenemos bancos que cobran intereses ridículos, tarifas extras descomunales y luego se preguntan sobre su cartera vencida. Tenemos laboratorios que se pasan con los precios de sus medicinas y luego lloran por los medicamentos intercambiables.
Tenemos muchas cosas pero lo peor que tenemos somos nosotros mismos. Somos nosotros los que no queremos trabajar pero si que nos paguen. Nosotros nos estacionamos en lugares prohibidos, violamos el límite de velocidad y nos pasamos los altos, para luego dar mordida o causar un accidente (por cierto: si chocas con culpa y tienes seguro a tercero, tu seguro cubre los daños ocasionados al otro auto SIN costo para ti).
Tiramos basura, escupimos, orinamos y defecamos en nuestras calles. Robamos y maltratamos las paradas de camión, los teléfonos públicos además de pintar bardas con graffiti y publicidad.
No dejamos pasar al peatón aun cuando esté diluviando. No usamos los puentes peatonales. No respetamos los accesos de inválidos y a veces ni los construimos.
Ensuciamos, golpeamos, insultamos, nos aventamos, robamos y aceptamos a los cuida coches como si fueran el valet parking.
Somos nosotros los que hemos puesto la vara tan baja que tenemos maestros inferiores, vigilantes sin educación, enfermeras sin trato, burócratas prepotentes, y vivimos a diario la violencia y la impunidad que nosotros mismo construimos.
El problema no es de arriba hacia abajo. El problema es de todos. Basta de rebeldías. No tiene valor ser rebelde cuando nuestra sociedad y nuestro país se ve invadido y gobernado por los delincuentes. No somos valientes cuando nos saltamos las reglas y abusamos de los demás. No es rebeldía el cerrar los ojos a la realidad e imponer el dedazo al de arriba.
Las leyes y las normas tienen una razón de ser. Te quiere poner un arete en la ceja, adelante; pero no vendas tu voto al mejor postor. Te quiere vestir “darketo”, felicidades; pero no vendas ni compres droga ni piratería. Quieres rebelarte, maravilloso; pero rebélate contra lo que te afecta, lo que perjudica a tu familia y lo que daña a tus hijos, aunque todavía no los tengas.
Se rebelde con causa; con la causa de un país funcional, donde todos nos beneficiemos y no donde todos estemos expuesto.
¡Viva México sin Mexicanos rebeldes!