martes, 3 de marzo de 2009

A veces, son tantas las cosas que se quieren decir y tan poco el tiempo que tenemos para sentarnos a escribir o llamar por teléfono, que los días se alargan y se contraen en pocas horas para hacer todo lo que hay que hacer.
Es lo que me ha pasado y por eso no he actualizado mi blog. ¿De qué hablar? ¿De la situación en Israel? ¿De los pininos de mis hijos? ¿De lo que realmente me molesta de este mundo o de la sociedad o del mismo país en el que vivo y los cuales siento que van en picada a gran velocidad?
Si, porque respecto al mundo, es increíble que a estas alturas no haya leyes que regulen la contaminación que estamos sufriendo y que poco a poco consume nuestro mundo. Claro que podemos comprar bolsas re-usables para hacer el súper o el mercado, pero, ¿en donde ponemos la basura que debemos tirar? Compramos bolsas de plástico para llenarlas de basura y entregarlas al camión recolector que las llevara al tiradero donde pasaran miles de años y no se desintegraran.
Tampoco estamos seguros que nuestros esfuerzos por separa la basura sean respetados y se separe en los tiraderos, incluso en los camiones mismos.
Por otro lado tenemos la cuestión de la energía, con lo que me pregunto: ¿Por qué fregados seguimos insistiendo en la gasolina cuando podemos tener automóviles que usen combustibles alternos que contaminan menos y causan menos guerras? ¿Por qué los edificios “inteligentes” no son autosuficientes con la energía solar y de aire? ¿Por qué permitimos que desaparezcan parque y zonas verdes y no tratamos de adaptarlas incluso en las azoteas de los grandes edificios? ¿Por qué se siguen talando millones a árboles anualmente para meterlos a las casas y decorarlos para la época navideña? ¿Por qué no tenemos sistemas ahorradores de agua que permitan reciclarla y volverla a usar? ¿Por qué? ¿Por qué seguimos desperdiciando nuestra salud?
Nuestro mundo se está muriendo y no hacemos nada al respecto. Si a cualquiera de nosotros le dijeran que tenemos que dejar de comer azúcar porque tenemos diabetes y nos podemos morir si seguimos con una mala alimentación, nos pondríamos a dieta. Pero no hacemos lo mismo con nuestro entorno porque somos apáticos, porque si el vecino no lo hace porqué lo habría de hacer yo; porque de qué sirven mis esfuerzos si los del camión de la basura revuelven lo orgánico con lo inorgánico.
Hace tiempo, mi esposo y yo fuimos a Chalma, pues él tenía que tomar fotos en una comunidad de ahí, como parte de su trabajo. Decidí acompañarlo. Cuando llegamos nos encontramos con una familia compuesta por una pareja y dos hijos adolescentes. No recuerdo a bien, pues fue hace mucho tiempo, los títulos universitarios de marido y esposa, pero algo tenían que ver con agricultura y eso. Pues bien, estos dos profesionales se habían dado a la tarea de ayudar a esta comunidad a ser auto-sustentables. Les enseñaron qué sembrar, dónde sembrar, qué platas les servirían como anti-insectos, como elaborar diversos productos con lo cosechado, etcétera...
Tenemos las herramientas y la forma de hacerlo pero no lo llevamos a cabo. Somos el alcohólico que no deja de beber porque es más fácil hacerlo que dejarlo. Somos el adolescente rebelde que reta a sus mayores en cada oportunidad. Somos el político que promete y no cumple. Somos los que arrojamos la piedra y escondemos la mano. Pero lo peor de todo es que somos los habitantes del mundo agonizante y no hacemos nada para garantizarnos un futuro seguro y sano.