jueves, 22 de julio de 2010

La identidad judía

Para muchos, y me refiero a propios y extraños, el concepto de judaísmo es algo que navega entre religión y pueblo, pues la lógica nos indica que tienen significados distintos, pero ambas se aplican a la definición.

Religión, nos dice el diccionario de la Real Academia Española, es el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Pueblo, definición del mismo diccionario, es el conjunto de personas de un lugar, región o país o, un país con gobierno independiente.

De acuerdo a estos axiomas, el judaísmo sería entonces, un conjunto de personas reunidas bajo el conjunto de creencias acerca de la divinidad, la veneración, las normas morales y las prácticas rituales.

La denominación Pueblo queda un poco al aire si tomamos en cuenta que muchos vivimos en la diáspora. Sin embargo, el judaísmo se ha identificado durante milenios, no sólo por mantener su tierra original, sino porque aún fuera de ella, los judíos tienden a concentrarse en comunidades que le dan sentido a la definición de Pueblo: conjunto de personas de un lugar… sin que la identidad regional anule la original: judíos mexicanos, judíos ashkenazitas, judíos etíopes, judíos sefaraditas, etc., siempre anteponiendo “judío”.

Y es debido a la misma razón que nunca somos considerados como nacionales del país en el que habitamos: un judío mexicano no es mexicano a los ojos de los otros nacionales, sino que siempre será “el judío”. Esto no pasa con las demás religiones: los musulmanes no son los de la Meca, ni los católicos del Vaticano, ni los budistas del Tíbet, no obstante que de todos, al único que se le quiere negar el derecho a su tierra es al Pueblo judío.

El judaísmo es, entonces, más que identidad ya que siempre seremos judíos, cambiemos lo que cambiemos; porque las mismas leyes nos regirán estemos donde estemos, y las mismas mitzvot nos unirán, para conformarnos como nación bajo el manto de un D’os único: el Pueblo de Israel.

jueves, 17 de junio de 2010


Que no nos tomen por sorpresa


¿Alguna duda queda todavía sobre el antisemitismo? Opiniones quizá, pero dudas sobre el porqué, cómo, cuándo y dónde, emerge, se alimenta y explota, no creo que queden muchas por resolver en el mundo.

Esta aseveración no debe ser malentendida: no estoy definiéndonos como víctimas, es tan sólo la afirmación de lo que ya sabemos y con lo que tenemos que lidiar todos los días.

Ser judío implica, por inercia, un rechazo prácticamente total. ¿Cuántos nos hemos topado con gente que nunca ha conocido a un judío pero ya tiene una total y completa definición de los mismos, cargada de animadversión y repudio?

Igual pasa en el mundo entero, no es algo privativo de nuestro país, tal y como lo podemos comprobar en los titulares mundiales y en la prensa extranjera: Israel no tiene derechos pero los demás sí.

A raíz de los sucesos con la flotilla turca Mavi Marmara, 2 embarcaciones más se preparan rumbo a Israel para hacer lo mismo: argumentar ayuda humanitaria para quienes ya la reciben por vías certificadas y causar más conmoción y opiniones negativas contra el Estado judío.

¡Si tan sólo nosotros hubiéramos tenido ese apoyo durante el Holocausto!

Pero quizá lo más triste es la falta de manifestación en defensa de lo propio. Unos pocos levantaron las plumas, las voces y teclearon furiosos en sus computadoras las respuestas a los ataques; pocos reenviaron los correos electrónicos a sus contactos no judíos; algunos pelearon y discutieron.

Exigir nuestros derechos como ciudadanos del mundo no es pecado y en algún momento lo tenemos que empezar a hacer. Nuestra fortaleza radica en lo que nosotros podemos lograr: somos profesionales, precursores, inventores, descubridores, intelectuales, maestros, innovadores; pero falta reclamar nuestro lugar.

Pongámosle un alto al odio, a los prejuicios, demandando los mismos derechos de soberanía, respeto y defensa que gozan las demás naciones. Repitamos las veces que haga falta para ser comprendidos: “Israel tiene derecho a existir, a defenderse y a ser. Paz para Israel”.